Me dieron el viernes libre en el laburo, trabajo en un
banco y en los primeros días suele haber menos volumen por lo cual nos turnamos
para no estar todos todo el día encerrados frente a no una, sino dos pantallas
de computadora.
Me levante tarde, prepare el café, lo tome muy pausadamente contrario a como lo hago todos los días. Y mi cabeza empezó a volar, a programar, cuanto puedo hacer en el día libre que tengo. Miro por la ventana y como hay sol pero no hace calor (bajo la temperatura después de una fuerte tormenta) no voy a salir a tomar sol. Mejor, pienso, así puedo hacer otras cosas. Que cosas? Me pongo a ordenar mi habitación, mi espacio en el mundo. Enciendo la notebook, suena Norah Jones de fondo. Empiezo a ver ángulos perfectos para fotos por todos lados. Sigo procrastinando la limpieza-orden de la habitación. Escucho un concierto de música clásica en la radio, entro a la web del Teatro Colon, veo todos los conciertos y ballet que están programados para la temporada 2014, quiero sacar entradas para todos, miro el lienzo en blanco colgado y pienso que además de ser una buena metáfora de la vida a los veinte, necesita desesperadamente un caballete y que lo llene de colores. Quiero salir corriendo, sí corriendo porque anoche salí a correr y me di cuenta después de quedarme sin aire varias veces que puedo correr 3km y no morir en el intento; correr a comprar ese atril y sumergirme en la pintura y la música y desconectarme, más aun de lo que siempre estuve, de las banalidades del día a día.
A la vez, no puedo parar, bajo una peli que quiero ver hace mucho y que me encanta el soundtrack. Happythankyoumoreplease (título que pensé ideal para cuando publique mis fotos de Manhattan). Refresque la peli en mi mente porque ayer empecé a leer un libro escrito por una bloguera amante del cine, la literatura y toda su semejanza con la vida y las reflexiones que de ella derivan.
Anoche, después de correr, con un vaso de agua en la mano me tire a mirar Before Sunset, una de esas películas de cabecera, que nunca en la vida vas a cansarte de mirar (se la recomiendo al universo entero). Y ya sabiendo los diálogos igual me asombro de las reflexiones que genera como si fuese la primera vez, y eso que me agarra con un par de experiencias más encima en comparación a la primera vez que la vi. Y la veo a la protagonista llegar a su departamento, en un hermoso y bohemio barrio de París, y me digo por dentro, una etapa de la vida me va a encontrar viviendo así. En mi departamento, en la capital, con mis libros, mis tazas, mis cuadros, mis fotos.
Y entonces ya quiero seguir buscando departamento para
mudarme el año que viene si es posible. Y pienso “si me mudo empiezo a tirar
plata en un alquiler y si quiero seguir viajando nunca voy a poder seguir
ahorrando con semejante gasto mensual” y después creo que no sé hasta dónde es
dinero tirado, será dinero invertido en experiencias, pequeñas pero
experiencias al fin. Por ahí es el motor para obligarme a hacer algo distinto o
significativo con cada uno de mis días. Quien sabe…para que adelantarme tanto.
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